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Una herida es un daño que se produce en nuestro cuerpo. Se pueden catalogar como leves, moderadas o graves dependiendo de su afectación. Estos procesos rompen la piel, y en algunos casos, pueden incluso dañar otros tejidos. Cuando estamos ante una pequeña herida, la desinfección es crucial para que no derive en un problema mayor.

PRIMER PASO: LAVADO DE LA HERIDA

Después de habernos lavado correctamente las manos con jabón y agua tibia, procederemos a la desinfección. Puedes poner la herida debajo del mismo grifo y usar de nuevo un poco de jabón. El siguiente punto sería el secar la herida con una gasa estéril.

SEGUNDO PASO: DESINFECCIÓN DE LA HERIDA

En este punto nos encontramos con los diferentes antisépticos que existen. ¿Puedo utilizar cualquiera?

  • Agua oxigenada: este producto químico cuando entra en contacto con la sangre se produce una reacción burbujeante que mata a las bacterias. Sin embargo, también puede hacer daño a nuestras células. Además, cuando se produce la reacción, se genera oxígeno y, a veces, en las heridas se producen embolsamientos de oxígeno que permite sobrevivir a algunas bacterias que pueden producir infecciones. Por tanto, este producto es desaconsejable para tratar heridas.
  • Povidona yodada: este antiséptico forma complejos con las bacterias y las destruye por oxidación. El uso de este producto debe evitarse en niños menores de 30 meses y en embarazadas.
  • Clorhexidina: este principio activo desestabiliza las membranas de las células, lo que provoca la muerte celular. Este antiséptico hoy en día es el más recomendable tanto por su eficacia como por su seguridad de uso.

TERCER PASO: VIGILANCIA

Siguiendo la desinfección diaria, la herida irá remitiendo. De observarse mayor enrojecimiento, inflamación, edema o dolor; sería necesario acudir a un profesional sanitario que aportara las pautas más concretas a seguir.

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